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09/01/2018

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Mi experiencia en Colegio Excélsior

Experiencia Apostólica en la comunidad del Colegio Excélsior de Monterrey, N. L.

 

Se suele decir que todo el que llega a una obra salesiana, lo hace de la mano de María. Así siento que pasó conmigo en esta experiencia.

María me llevó no sólo a una, sino a varias obras del noreste del país, donde pude descubrir la diversidad de formas en que las hermanas están presentes atendiendo a los niños, adolescentes y jóvenes que el Señor les ha confiado, en las ciudades de Monterrey y Saltillo.

 

Una de las cosas que más me impresionó fue el ambiente que encontré en el Colegio Excélsior. Muchas veces había oído a sores y a ex alumnas hablar de aquello que pude constatar estando allí: que en ese lugar se siente la presencia de María de una manera muy fuerte y particular.

 

El primer fin de semana que estuvimos ahí participamos en un encuentro vocacional animado por Sor Karla Marrón, y fue muy enriquecedor descubrir que hay otras jóvenes que como yo, se preguntan cuál es el sueño que Dios tiene para sus vidas.

Su búsqueda evocó la mía y me hizo detenerme a agradecer que el Señor me haya traído hasta donde estoy, que haya caminado conmigo y que me haya permitido encontrar personas que supieron acompañarme en el discernimiento.

 

Tuvimos también la oportunidad de visitar las casas de Los Valdez y María de Nazareth. En esta última, pudimos encontrar a las hermanas que, retiradas de la actividad, siguen amando y sirviendo a Dios a través de la oración y honrándolo con una vida de descanso después de tantos años de trabajo dedicado a Él.   Verlas recobrar el ánimo al saberse en presencia de jóvenes, nos hizo comprobar que en ellas el corazón salesiano no envejece, a pesar de que el resto del cuerpo lo haga.

 

Son demasiadas las impresiones, los nombres y los rostros que quedan después de una experiencia como la que vivimos, aún cuando fue poco el tiempo.

El Padre, vio bueno que me enviaran junto con Lety a la Comunidad del Colegio Excélsior por dos semanas, y es algo por lo que estoy profundamente agradecida.

Agradezco también a María, cuya mano no me soltó todo este tiempo, y cuya compañía sentí a través de las hermanas con las que compartí.

Fueron abundantes sus detalles de atención y de afecto para con nosotras. Mi agradecimiento se extiende a los colaboradores que, sin conocernos, confiaron en nosotras para compartir el trabajo; y a los jóvenes y niños que, quizá sin alcanzar a saberlo, como le pasó a Don Bosco, se robaron nuestro corazón.

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