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XX Reunión CIMAC

09/01/2018

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Mi experiencia en San Luis Potosí

“La alegría es el signo de un corazón que ama mucho al señor” 

 

Comparto un poco de mi experiencia realizada en San Luis potosí, sin duda una experiencia llena de muchos aprendizajes (asistencia en la mañana a la entrada en el colegio con los niños, apoyo a la comunidad educativa, club de la alegría, organización con los chicos encargados con el club de la alegría, la asistencia en la hora de salida, apoyo en la preparación litúrgica en ese momento de nuestra llegada a la comunidad, la convivencia con los niños, toma de operaciones matemáticas, convivencia con las sores), la acogida de cada una de las hermanas que conforman esta comunidad, conocer una más de las obras y que hay siempre un familia fraterna que guarda el amor de Dios y la viva presencia de nuestra tierna Madre la virgen Auxiliadora , la confianza que depositaron y brindaron al hacernos partícipes de la vida cotidiana de la comunidad como la oportunidad de compartir directamente con los niños, adolescentes y con la comunidad educativa; fue enriquecedor el compartir con los salesianos cooperadores y confirmar la vivencia del Espíritu de familia ayudándome a confrontar mis motivaciones vocacionales, y estando abierta a la voluntad de Dios y su proyecto de amor para conmigo.

Ha sido una verdadera gracia que el señor me ofrece para renovar cada día y cada momento dentro de mí etapa formativa en el cual tuve más contacto con el sistema preventivo, la vida comunitaria ordinaria de una hija de María Auxiliadora, que se entrega en la misión en cuerpo y alma y por un solo objetivo: de llevar almas a Dios, proponiendo a los jóvenes una cima más alta por alcanzar que es la santidad amando nuestro quehacer en lo cotidiano y reconociendo en ellos que tienen la suficientes energías a desarrollar con mayor dinamismo en la opción por Jesús, invitando a entregarse totalmente a Dios mediante su testimonio de fidelidad y reconocer la verdadera presencia de Dios en cada uno de nuestros niños y jóvenes y personal que colabora con la misión, renovando mi convicción por seguir a Jesús, en los más pequeños detalles de mi vida, en ir más allá a conquistar el ideal fraterno del amor que Jesús nos dejó, llevándonos a una verdadera plenitud.

 

Sin duda la experiencia superó mis expectativas y me quedo profundamente agradecida por cada gesto y detalle de cariño que recibimos de la comunidad que nos recibió y a todas las comunidades por sus oraciones por cada una de nosotras, “aunque un mar inmenso nos separe estaremos siempre unidos en el corazón de Jesús” M.M

 

 

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