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                          “DIOS NOS LLAMA A SER MISIONEROS DE ALEGRÍA Y ESPERANZA”

      

Hoy en los "Buenos Días" conoceremos más a Sor Teresa Gedda y a Sor Angela Vallese.

 

 Sor Teresa Gedda Nació en Turín el 17 de enero de 1852. Cuando partió para Uruguay tenía 2 meses y 11 días de profesión religiosa. Murió en Granada el 24 de marzo de 1917, después de 40 años de vida religiosa. Vivió en Uruguay, México y Nicaragua.  Destacan las cualidades de la humildad y generosidad, sea en los trabajos comunitarios como en tareas de responsabilidad. La llamaban «la Hermana santa». La consideraban como una de las más humildes y virtuosas misioneras, tanto que la proponían como modelo de vida religiosa.

«Sor Teresa era prudente y silenciosa, tanto que parecería que poco o nada comprendía de lo que pasaba a su alrededor, pero no era así. Veía, observaba y comprendía todo, pero ponderaba bien cada cosa, rezaba,  estudiaba ante el Señor antes de hablar. Si podía hacerlo se aconsejaba y llegado el momento decía, tal vez solamente dos palabras, pero eran una verdadera revelación y valían mucho más que un largo discurso»

 

 

Sor Ángela Vallese: Nació en Lu Monferrato el 8 de enero de 1854 en una familia de agricultores, a los 21 años Ángela partió para Mornés. Fue una mujer fuerte, de gran fe y de intenso ardor apostólico, fue la primera directora en Montevideo –Villa Colón en Uruguay. Por 25 años visitó las casas de la Patagonia y en la Tierra del Fuego. Murió en Nizza Monferrato el 17 de agosto de 1914.

 

Estas misioneras por su gran amor a Dios fueron capaces de dejar su tierra, su familia, sus bienes y llevar a Jesús en el corazón…

Por amor, partieron el 14 de noviembre de 1877 hacia la tierra de los sueños misioneros de Don Bosco.

 

Por amor, cruzaron el océano, abrazaron pueblos y culturas hasta entonces desconocidos, aprendieron lenguas nuevas, desarrollaron la capacidad de comunicar con el corazón, con los gestos, con la mirada.

Por amor, afrontaron - en la serenidad y en la obediencia - el frío, el viento, el trabajo humilde y pesado, el hambre, el peligro de los viajes, los mareos del mar, las tempestades furiosas, la amenaza de los naufragios, las largas distancias…

 

Por amor, siempre fueron ellas mismas, con la certeza de estar sostenida por el amor del Padre en la firme voluntad de amarlo a Él más que a nadie y a nada del mundo.

Por amor, sirvieron siempre a los demás…

Por amor, eligieron para sí los trabajos más duros y difíciles... acogieron a todos, se interesaban por todos, se acercaban con afecto materno, llevaban dones y se hacían don para cualquier persona.

Por amor ¡Se gastaron totalmente por la misión, por los pobres, por los más pequeños, para quienes no contaban para nadie!

 

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